domingo, 13 de mayo de 2007

El biendolor

tu terquedad golpea y hiere como un látigo
con púas en la punta se inca y arranca la carne
se lleva consigo todo lo que no es dolor
es un colador espiritual, que decanta el flagelo
sobre mí
roba mi esencia y me propone con muy buenos modos
una ortopedia rigurosa pero necesaria
inmaculada de mal porque, arguye que, la voluntad
sólo tiene una dirección
el bien
el bien forjará lo que queda de mí
todo
menos
el dolor
la infracción atroz, la invasión
el paralogismo culpable absuelto
el indulto lógico necesario para desgarrar
con furia
mi ser
venís aquí a plantarte como redentor
con una modestia tan burda que asquea
sin darte cuenta que el árbol puede crecer recto
atado al palo, espejándose tiránicamente
pero las astillas llegarán
te resquebrajará hasta darte muerte
y lo único que habrás creado es un salvaje verdugo
y tu voluntad inmaculada se manchará de tu propia sangre
y de tu traición
y ahí estaré yo para llorarte
y limpiar tu vergüenza con la mía.

Leandro García

No hay comentarios: