En cierto momento de mi caída, decidí arrancarme el pene y ponérmelo en la frente, como un curioso faro…
Cuando mi cabeza soñaba, la verga se irritaba terriblemente; pero cuando ella quería iluminar mis ojos, los sesos, necios, se negaban a ver.
Por ello, decidí arrancármelo otra vez y escribir con él: lo que tal vez pudiera mostrarme el corazón.
Juan
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