Comprendió la razón por la cual
ya había perdido,
sentía, leve, una gota de alivio;
caía la tarde miope.
llevándolo hasta el destino que, inexperto,
lo esperaba.
Las sensaciones eran a sólo cadenas,
murciélagos blancos, un mar de piedra.
Lo vio todo sin cerrar los ojos:
su piel cuarteada deshaciéndose con el
tiempo. Es culpable como los demás y lo sabe.
blancos en un paño azul.
Emiliano D
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