La ineficiencia casual excedía los moldes; negligente como pocos y sin embargo suscitaba admiración por ahora. Atravesaba el parque echando furtivas miradas que pretendian comprensión, pero displicente aún escondia el rostro. No podía evadir el zurco del viento ni rechazar aquel crepitar de niño muerto en la panza. La evasión incondicionada era motivo de aquellos embates inecesarios; se detenía con una distorción extereorizada en tiempo y forma. Con pases al raz, lo acechaba, meditabundo, en busca quizas de un adlátere que haga las veces de soporte funcional (...)
Rimbaudelaire
miércoles, 11 de abril de 2007
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario